El verdadero límite de la inteligencia artificial no son los algoritmos. Es la electricidad.

Durante años se asumió que el principal cuello de botella del desarrollo tecnológico era el talento, el capital de riesgo o la innovación en ingeniería. Esa premisa empezó a cambiar.

Hoy, el principal límite al crecimiento de la inteligencia artificial, los centros de datos y la economía digital es físico: la disponibilidad de energía eléctrica y la capacidad industrial para construir la infraestructura que la respalde.

Según la Agencia Internacional de Energía (IEA), la demanda mundial de electricidad aumentó un 4,3 % en 2024 y se prevé que continúe creciendo a un ritmo cercano al 4% hasta 2027. Se estima que el consumo mundial de electricidad aumente en la cifra sin precedentes de 3500 TWh.  ¡Esto equivale a agregar el consumo de Japón a la demanda global cada año !

El problema no es únicamente la cantidad de energía necesaria, sino también la velocidad a la que debe desplegarse la infraestructura para soportar esa demanda.

La cadena de suministro energética muestra señales claras de saturación. Según un análisis de la consultora Wood Mackenzie, la demanda de transformadores elevadores utilizados en la generación eléctrica ha aumentado más de 270% desde 2019, mientras que los tiempos de entrega de transformadores de potencia pueden superar las 120 semanas. Incluso proyectos industriales individuales pueden requerir cientos de transformadores de gran capacidad, lo que supera la capacidad anual de producción de algunos fabricantes.

La expansión de los centros de datos también está presionando la disponibilidad de materiales críticos, como el cobre, lo que genera proyecciones de déficit estructural para la próxima década. ¡Según Forbes, se estima que para 2030 la demanda anual de cobre será de 500.000 toneladas !

El acceso a la energía eléctrica se está convirtiendo en el principal factor limitante para el despliegue de nuevos centros de datos. En Europa, proyectos de infraestructura digital están experimentando retrasos debido a limitaciones en capacidad de conexión a la red eléctrica de hecho, algunas grandes empresas tecnológicas como Amazon, Google, Meta y Microsoft, financiando directamente infraestructura energética para garantizar suministro estable para centros de datos de inteligencia artificial.

El crecimiento de la demanda energética asociada a la IA también está impulsando el desarrollo de nuevas tecnologías de almacenamiento de energía de larga duración para estabilizar las redes eléctricas con una alta penetración de energías renovables. 

Pero quizás el indicador más revelador de la magnitud del problema es que algunas empresas están empezando a considerar opciones que hace pocos años parecían ciencia ficción.

Se han discutido públicamente conceptos de centros de datos en el espacio, orbitando la tierra,   que podrían aprovechar energía solar continua sin las limitaciones de intermitencia de la generación terrestre y de las pérdidas atmosféricas y por lo tanto evitando los costos de almacenamiento de energía. La idea no es nueva, pero el crecimiento acelerado de la demanda energética de la inteligencia artificial y la caída en los costos de lanzamientos espaciales están haciendo que estas propuestas vuelvan a considerarse seriamente en ciertos círculos de investigación y desarrollo.

El interés en los centros de datos espaciales también refleja una tendencia más amplia: cuando la infraestructura energética terrestre se convierte en un cuello de botella, la búsqueda de soluciones se expande hacia nuevos dominios tecnológicos.

En paralelo, se está explorando el uso de reactores nucleares modulares (SMR) ya en etapa comercial, como fuentes de energía dedicadas a centros de datos de alta densidad, debido a la necesidad de un suministro continuo y estable. 

En otras palabras, el crecimiento de la inteligencia artificial depende cada vez más de la capacidad para construir centrales eléctricas, subestaciones, líneas de transmisión y equipos industriales pesados.

La economía digital depende de la infraestructura física.

Este fenómeno tiene implicaciones profundas para la soberanía tecnológica.

Durante años, el debate sobre la soberanía tecnológica se centró en el software, el talento humano y el acceso al capital. Sin embargo, la nueva generación de tecnologías intensivas en cómputo requiere acceso confiable a grandes cantidades de energía continua y estable.

La capacidad de entrenar modelos avanzados de inteligencia artificial, operar infraestructura científica o desarrollar nuevas industrias tecnológicas depende cada vez más de la disponibilidad de electricidad a gran escala.

Esto introduce una nueva dimensión geopolítica.

Los países con acceso confiable a una fuente de energía abundante tendrán ventajas estructurales para emprender proyectos de inteligencia artificial, manufactura avanzada y desarrollo tecnológico.

Para Colombia, este fenómeno representa desafíos, pero también una oportunidad estratégica.

El país cuenta con una matriz energética relativamente diversificada, con alta participación de fuentes renovables, y con potencial de expansión de capacidad de generación eléctrica. Sin embargo, también enfrenta retos relacionados con la expansión de las redes de transmisión, los tiempos de licenciamiento de proyectos energéticos y las necesidades de inversión en infraestructura tecnológica avanzada.

Si Colombia aspira a desarrollar capacidades en inteligencia artificial, tecnologías espaciales, computación científica o industria tecnológica avanzada, deberá considerar la infraestructura energética como un componente central de su estrategia de desarrollo tecnológico.

La política de ciencia, tecnología e innovación no puede diseñarse de manera aislada de la planificación energética y de la política industrial.

La soberanía tecnológica no se limita a la capacidad de desarrollar software ni a la de formar talento humano altamente calificado. También depende de la capacidad de sostener una infraestructura física capaz de soportar la computación intensiva, la investigación científica y el desarrollo industrial.

En este nuevo contexto, los electrones se convierten en un recurso estratégico.

La pregunta ya no es únicamente quién desarrolla la mejor inteligencia artificial, sino quién cuenta con la infraestructura energética para sostenerla.

Colombia aún está a tiempo de anticipar esta transición, pero la ventana de oportunidad no será indefinida.

La economía del conocimiento también es una economía de infraestructura.

Y la infraestructura toma tiempo en construirse.

Nota final: ¿Necesitamos realmente grandes modelos de IA como Grok, ChatGPT o  Deepseek para incorporarlos a todos los aspectos de nuestra vida ? ¿Necesitamos toda esa capacidad para resolver los problemas más sencillos del día a día o los ya resueltos ? No lo creo así. Existen desde hace tiempo herramientas y técnicas de optimización, sistemas expertos, entre otros, que requieren mucha menos energía para funcionar. Esa es una pregunta que creo que debemos hacernos si queremos llegar a ser soberanos.

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